Cuando nos dijeron que mediante unas determinadas posturas acompañadas de sonidos musicales podía lograrse que el cuerpo de una persona vibrara casi convulsivamente no podíamos creerlo. Pero cuando nos dijeron que además se lograba con ello desbloquear las energías retenidas y contribuir a la sanación de las más diversas enfermedades la incredulidad se apoderó de nosotros. Por eso le pedimos a nuestra compañera María Pinar Merino que lo comprobara. Esta es la sorprendente crónica de tan singular experiencia.
La experiencia que voy a narrar tuvo lugar en Paredes de Escalona, un pequeño pueblecito de Toledo donde se encuentra Atrium, un centro especialmente preparado para retiros, grupos de encuentro, terapias, cursos y talleres de crecimiento personal. Allí me encontré con una treintena de personas dispuestas a participar de una singular y doble experiencia terapéutica. La primera, denominada "Vibración Inducida", ha sido desarrollada por el psicólogo clínico español Manuel Almendro; la segunda se trataba de una práctica de "Meditación Vipassana" que estuvo dirigida por Dhiravamsa, maestro tailandés de la tradición Therevada.
La idea era sugerente: se trataba de trabajar a lo largo del fin de semana sobre los conflictos psicológicos, bloqueos energéticos y problemas psicosomáticos que los participantes pudiéramos tener. Aunque algunos, sin embargo, iban fundamentalmente a adquirir conocimiento y mayor experiencia ya que entre los asistentes había un buen número de psicólogos y terapeutas dispuestos a experimentar en sí mismos las ventajas e inconvenientes de esta terapia.
Y, en ese sentido, no dejó de llamarme la atención que, por fin, los psicólogos y médicos españoles empiezan a tener cada vez más en cuenta las terapias no convencionales a la hora incluso de buscar el origen de las enfermedades.
Claro que ese momento llega a veces cuando la vida les pone en dificultades. Es el caso que me contaría mi interlocutor, Manuel Almendro, cuando le hice partícipe de mi reflexión.
-Mira, cuando afecta a alguien cercano, el cáncer deja de ser un concepto lejano y ajeno para pasar a convertirse en cercano y sinónimo de muerte. Es entonces cuando aparecen también las dudas de cómo afrontarlo y se buscan todas las alternativas. Máxime si eso le sucede a la enfermera-jefe de la planta de oncología de un hospital como acaeció en un caso que conozco bien. Porque, a raíz de su problema, aquella enfermera -cuyo nombre silencio a fin de respetar su intimidad- organizó en su centro, el Hospital General de Cúcuta (Colombia), la presentación ante todos sus compañeros de mi método de Vibración Inducida. Y de esa manera tuve la oportunidad de enseñar mi terapia a todo un equipo de médicos del hospital, oncólogos incluidos, médicos abiertos que se apuntaron todo un fin de semana para aprender la terapia. Y así, más allá de especular con los ritmos cardíacos y las respuestas fisiológicas del organismo, se encontraron con la posibilidad de encarar la sombra que se despertó a partir de la enfermera jefe. Y es que algo cambia cuando el cáncer se cuela en la profesión y no es ya sólo cosa de pacientes...
LA VIBRACIÓN INDUCIDA
La Vibración Inducida, como ya he dicho, es una revolucionaria metodología desarrollada por Manuel Almendro, psicólogo y psicoterapeuta transpersonal español, que se encuadra en el ámbito de la Bioenergía -en sentido amplio- y se basa en la práctica de una serie de posturas corporales que tienen por objeto despertar en la persona una vibración que se activa desde el sistema nervioso autónomo. Un proceso durante el cual es fundamental tanto la respiración como el sonido de una serie de ritmos y músicas especiales.
Pero nadie mejor que su creador para explicárnosla.
-¿Cuál es la finalidad de la Vibración Inducida?
-Fundamentalmente, terapéutica. Gracias a ella, toda persona que se abre de verdad a la experiencia puede localizar sus bloqueos físicos, emocionales o mentales y desbloquearlos. Y ello merced a un simple movimiento autónomo de carácter vibratorio que abre la puerta de la Sabiduría Interior, verdadera fuente de curación y consciencia.
-Pero, ¿cómo se le ocurrió este sistema curativo?
-Lo he desarrollado a partir de mi propia experiencia en el campo de la Psicoterapia y de mis estudios e investigaciones tanto en la Psicología académica como en el ámbito indígena, en la "psicología oriental" y en la Psicología Transpersonal. Es un método nuevo, por tanto, pero también ancestral ya que conecta espontáneamente con las danzas rituales de los indígenas, de los derviches y con algunas prácticas curativas chamánicas.
La técnica consiste, básicamente, en colocar el cuerpo de una determinada manera y mantenerse quieto, en tensión, escuchando la música que ponemos en la sala hasta que surja desde nuestro interior una energía que hará que todo nuestro cuerpo vibre.
Una de las posturas más simples es, estando de pie, echar todo el peso sobre la parte delantera de los pies, con la pelvis inclinada hacia delante y las rodillas dobladas. Al cabo de un tiempo -corto, normalmente- se genera en el cuerpo una vibración involuntaria. Entonces el individuo debe prestar atención a sus sensaciones. Al principio es un poco doloroso pero se puede aliviar concentrándose en la respiración. Si hay voluntad, el dolor desaparece y comienza un mundo de sensaciones desafiantes.
-¿Y es difícil realizar ese ejercicio? Quiero decir si hay que estar preparado o saber algunas cosas para que funcione...
-No. De hecho, lo más complejo probablemente sea saber neutralizar la mente racional, parar la mente consciente, analítica y recursiva. Si eso se consigue, el acceso a la experiencia del movimiento involuntario, regido por el sistema nervioso autónomo, es sencillo. Esa es la clave. A partir de ahí podemos entrar en conexión con esa fuerza que hace mover el corazón y organiza su ritmo, que organiza los complejos procesos cerebrales y moviliza el sistema límbico... En definitiva, que mueve nuestro cuerpo y marca el orden de las células y moléculas.
-Pero, insisto, ¿cuál es el proceso por el que eso se produce?
-Veámos. La persona debe primero colocarse en la postura correcta que nosotros le indicamos y permanecer quieto en ella. A continuación debe intentar dejar la mente en blanco, en estado meditativo. Mientras, oirá en la sala una serie de sonidos rítmicos muy estudiados. Todo ello hará que en su cuerpo fluya la energía. Es decir, la persona sentirá entonces cómo una corriente de energía recorre todo su organismo desde las plantas de los pies hasta llegar a la coronilla para luego empezar a bajar haciendo el mismo recorrido. Paralelamente, el sistema nervioso autonómo hará que el cuerpo entero comience a vibrar. Ambos hechos harán que los bloqueos energéticos se disuelvan. Pero insisto: para lograr esto debe actuarse como en la meditación, es decir, convirtiéndose uno en observador del cuerpo sin involucrarse mentalmente en el proceso. Esa es la razón de que practiquemos conjuntamente la Vibración Inducida con la Meditación Vipassana. Y añadiré que experimentar los dos estados de forma simultánea es muy enriquecedor para la persona ya que las claves para descorrer el velo del inconsciente se encuentran en ambos sistemas. Además, la persona aprende cómo activar su organismo y cómo relajarlo.
-Dice que por el organismo fluye la energía... ¿De qué tipo de energía estamos hablando?
-De bioenergía. Recordemos, en ese sentido, el conocimiento acumulado por la ancestral práctica de la acupuntura. Los chinos hablan desde hace milenios de la energía vital o Chi y disponen de un verdadero mapa energético del cuerpo. Bueno, pues yo he comprobado que cuando éste vibra la energía empieza a fluir. Cuando en acupuntura se pincha una aguja, lo que se hace es reparar el corte del suministro energético restableciendo el flujo; es decir, la aguja desbloquea el nadi o meridiano energético bloqueado. Pues con la vibración inducida hacemos lo mismo sólo que ponemos todo el cuerpo en funcionamiento.
-Luego lo que hace la vibración es lograr que la energía fluya libremente a través de los chacras, nadis y meridianos.
-Sí, pero liberando los bloqueos. Para entendernos, cuando la energía fluye por los canales energéticos se puede encontrar con "tapones" que bloquean el "camino". Sin embargo, la energía lograda con la vibración "empuja" o "disuelve" esos "tapones" y así lo desastaca permitiendo que fluya libremente.
-¿Y cómo sabe uno que tiene un bloqueo energético?
-Porque lo nota ya que en ese momento los "tapones" energéticos duelen. Allí donde se siente dolor hay un bloqueo que somatiza un conflicto.
-¿Y en ese momento hay que actuar mentalmente para...?
-No. Ya digo que lo más importante es que el intelecto no sea el gobernador de la experiencia. Es fundamental dejar que la energía circule eliminando los bloqueos físicos, psíquicos y energéticos sin que nuestra mente intervenga para nada. Posteriormente sí se puede intelectualizar pero moderadamente.
-He visto las catarsis de algunos participantes y parece un método bastante traumático, doloroso incluso...
-Si no participas en la experiencia puede parecerlo pero hoy sabemos que el dolor siempre esconde algo, que puede ser un bloqueo físico o psíquico. La clave es iniciar el movimiento y dejar que la vibración venga; luego, cuando aparezca el dolor, se "negocia" con él. ¿Cómo? Pues mediante le respiración. Con la inspiración lo localizas y con la espiración lo expulsas. Con la respiración puedes lograr la transformación de ese dolor, observar cómo aparece y cómo evoluciona, al mismo tiempo que accedes a percibir todo lo que esconde detrás. Es muy importante desconectar con el estrés y la excesiva obsesión mental de nuestro tiempo.
-Pero si esos bloqueos pueden tener un origen psíquico, la causa puede estar entonces en un suceso vivido en el pasado. Y, en ese caso, ¿cómo descubrir las claves para resolver el conflicto?
-Hay quien cree que la resolución del problema se produce cuando uno está vibrando más convulsivamente pero no tiene por qué ser así. El proceso se puede resolver en el momento menos esperado. A muchas personas la información les aparece cuando están tumbados relajándose después de participar en la vibración, a otros cuando dibujan o, incluso, en la fase final, cuando están compartiendo con los demás su experiencia, al verbalizarlo. Pero puede también aparecer en cualquier otro momento durante las horas o días siguientes. Mi consejo es que participes en una sesión y lo compruebes por ti misma.
Así lo hice. Y tal como lo viví, lo narro en el recuadro adjunto. Sólo me resta añadir que tras el intenso fin de semana, vivido mientras el viento frío soplaba desde la Sierra de Gredos, comprobé que las caras de la gente no reflejaban cansancio al final, como sería lo normal después del tremendo desgaste físico al que se habían sometido sino que, por el contrario, mostraban relajación, paz. Los rictus de tensión que percibí en algunos al llegar habían desaparecido y sus ojos brillaban. Y todos comentaban lo contentos que estaban de haber podido "soltar" algunos de los "pesos muertos" que se habían acumulando sobre sus espaldas. Se sentían más ligeros, más libres. Y pensé que quizá la causa estaba en ese aforismo que dice que "el conocimiento de uno mismo permite un mayor ejercicio de la libertad".
María Pinar Merino
Fuente: Revista Discovery Salud